Lunes por la tarde. Hemos cenado muy temprano y saco un rato para sentarme a escribir las cosas maravillosas que estamos viviendo desde la llegada de Luca. Gaia me recuerda que hace pocos meses no era más que un frejolito en el monitor del ecógrafo y comentamos cuán milagrosa es la vida y qué delicioso es tenerlo entre nosotros. Porque encima de todo, Luca es lo que se dice un niño bueno y se ha instalado en casa sin demasiados aspavientos. Es cierto, se ha apoderado del tiempo y el espacio de forma absoluta, pero hace que todo parezca un regalo del cielo.
Incluso la falta de sueño, un preciado bien que cada día cuesta más trabajo poner en hora y recuperar, ni siquiera se presenta por el momento como un problema mayor. Por eso tratamos de organizarnos: hemos decidido que a mí me toca un biberón entre las doce y la una de la madrugada para que Gaia pueda dormir de corrido seis horas y retomar la lactancia a eso de las cuatro o las cinco. Muchos días, cuando me despierto a las seis para ir a trabajar, ella está ahí, a mi lado, desplegando dulzura para que Luca le diga con gestos si está o no ahíto para que los dos puedan volver a descansar.
Por lo demás, se habitúa este padre con regocijo a las tareas que le van siendo delegadas. Ese biberón nocturno que con verdadero placer le doy a pesar de que la modorra quiere poder más que yo; el cambio de pañales, más aquí he de anotar que un par de veces al niño ha habido que ponerle muda completa porque se le salió el pipí y, coincidentemente, ocurrió después de haber intervenido yo. En otra ocasión, recuerdo, se me llamó cariñosamente la atención porque le puse el pantaloncito sin haber cerrado los corchetes de esa cosa que se le pone primero y que se ajusta por debajo del pañal y que creo que es como un body en miniatura o algo así. Ah, y tampoco soy excesivamente ducho en ponerle la parte de arriba de cualquiera de sus conjuntos porque se me hace un mundo conseguir que pasen todos sus minúsculos dedos sin dejarme uno atrás o causarle algún daño. Pero lo voy a superar, denme un par de meses.
Así transcurren, pues, y en líneas muy generales, estos primeros días y noches con Luca en casa. Seguiría un rato más porque hay mucho que contar, pero Gaia me pregunta desde el dormitorio si no quiero disfrutar un rato de él antes de que se quede dormido. La respuesta es evidente, de manera que hasta una próxima ocasión.

4 comentarios:
Enhorabuena Javi. Me ha emocionado tu relato. Me alegra saber que estáis bien y vuestro niño hecho un fiera. Por cierto, no puedes negar que es tuyo.
Un besazo, Isabel (esposa de Barrón, jeje)
Moreno no me canso de leerte, eres un tio genial!
Gordillo
Hola Javier, que bonitas palabras para con tu hijo y la madre… Me alegro que estén bien los dos, ¡debe estar hecho un muñequito!, creciendo y absorbiendo vuestro tiempo y vuestra casa, porque ellos vienen así, ocupando tu vida al cien por cien. Desde que llegan al mundo son tu prioridad absoluta, el resto, después… Lo que te queda de tiempo es para realizar los actos de primera necesidad, comer, ducharte, descansar, etc., etc., etc., por eso las “madres” hemos estado reivindicando que ese tiempo de lactancia que nos dan sea un poco más largo, porque te pide atenderle a el y a sus necesidades las 24 horas del día ya que dependen completamente de ti… Ya nunca más volverán las cosas a ser como eran antes ni tu serás como antes, claro, todo ha cambiado… así es la cosa..
En fin, una tarea que te queda para toda la vida Javier…¡si, si!, pero mira por donde ya has aprendido a poner un body, que parecía una cosita sencillita y fijate... ¡ay, Dios mío, después nos llaman exageradas y mil cosas más..!. Un beso y a seguir aprendiendo..
Gracias a todas por los comentarios. Muchos besos.
Publicar un comentario en la entrada